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jueves, 7 de febrero de 2013
Manchas de carmín. Rocío
(corregido el 10/2/13)
Fue un día difícil para Tesa. Los pésames, las marcas de carmín en la mejilla con olor a colonia barata, la diadema que le apretaba la cabeza como si fuese de hierro y el cuello del vestido tan almidonado que le costaba tragar saliva. Lo peor, sin embargo, fue la ausencia de lágrimas. Su madre le pegó cuando volvieron del funeral por lo que ella llamaba una "insensibilidad" cruel ante la muerte del padre. Pero las bofetadas no consiguieron humedecer sus ojos.
Cuando su madre se fue esa tarde al trabajo, entró en al dormitorio conyugal, abrió el cajón, cogió la cajetilla de tabaco y salió a la calle. Su vecina Ester, de trece años como ella, fumaba dando paseos por la carretera. Aquel día se había pintado los labios de rojo. Tesa avanzó hasta llegar a su altura y le pidió fuego. Luego se quedaron juntas lanzando caladas.
No quiso subir al coche que se detuvo frente a ambas. El conductor era pelirrojo y le recordaba a ya-sabes-quién, le dijo a su vecina. Ester le sonrió con una mueca antes de cerrar la portezuela. Al ver el coche alejándose calle abajo, Tesa sintió un dolor conocido en el pecho y, por fin, dejó escapar el llanto.
(Inspirado en la fotografía)
jueves, 19 de abril de 2012
Sesión 10. Oscar De Abajo. No es un ejercicio, si no una inspiración de.
De la curiosa conducta de los objetos
La casa de Mary López era un baile de
eclecticismo en el que los convidados de piedra volaban desde una lámpara de
art decó con pie de una mujer con los pechos al aire y envuelta de una gasa al
viento, hasta un salón de vinilo chic de los 70 efervescente de sueño
americano, pasando por un par de cachivaches incas que un amigo trajo de un
viaje por Perú; un horno de pan en piedra y un trozo de un friso. M era una
mujer que obsesionada con los detalles, para ella, el simbolismo, es el hogar
de la verdad. Para el común de los mortales, una composición de una vela y un
abanico con un saquito de tierra era una composición decorativa, para M, era
una elegía de la lucha del hombre con el planeta aire, fuego y tierra. Los tres
elementos básicos alquímicos que el hombre y su ciencia usan para convertir el
plomo en oro, lo primordial en sublime. Siempre hubo y siempre habrá una casta
de hombres y mujeres con una sensibilidad especial y una capacidad de trabajo
inhumana que son capaces de elevar el listón de lo especial reduciendo a los
demás a lo común degradándonos a lo vulgar, condenándonos a una existencia
vulgar y tediosa, que curiosamente, solo puede salir de su tedio, por las manos
que lo condenaron. Para su ex marido, el día a día con M se hizo insufrible.
Comer unas mini comidas cargadas de valor figurado, le estaban llevando directo
a la tumba. Dormir en un alegórico ataúd le mataba la espalda. Ducharse con un
metafísico agua helada, le creaba un catarro crónico. Por eso, para ella
encontrar un ángel de alas rosas tumbado en su cama cuando su marido se fue,
fue algo natural, aunque el resto se empeñara en que tenía que ir a un
profesional.
— ¿Para qué he de ir yo a un gigoló?,
si el sexo no me importa.
— Ese tipo de profesional no.
—Par que he de ir yo a un abogado, si
nos separamos de mutuo acuerdo. No le soporto más, y el no me puede sufrir más.
Que bella poesía tiene el
contrasentido de lo oculto. Para M la belleza de aquel ángel estaba en su
propia existencia. Porque en lo físico, no podía ser más feo el pobre. Cara pan
de gordo, fofo, con una esvástica por espalda, gafas de culo de vaso redondas
que le conferían un aspecto acorde con el resto, Feo. Feo pro fuera y feo por
dentro. Para rematar el conjunto el amigo era un borde, maleducado e
irrespetuoso, que no hacía más que soltar bordeces a diestro y siniestro.
lunes, 5 de marzo de 2012
Rocío. Ejercicio porque sí.
Pues eso, que las escribí el domingo y me apetecía compartirlas. Luego os cuento una cosa, pero otra os la adelanto ya: ¿os acordáis de las palabras mágicas? Pues eso. Gabriela nunca me falla.
CIUDADES MALDITAS I: la Ciudad Naufragada
Dicen que Nerea es el nombre de
la ciudad maldita que esconde el océano. Hubo un tiempo en que formó parte de
una isla y sus habitantes fueron conocidos buscadores de tesoros: desde el
Péndulo que marca el Tiempo Eterno hasta el Juego de ajedrez de la Vida,
viajaron en las bodegas de sus barcos-ballena todos los ingenios de ese siglo e
incluso los todavía no imaginados.
Pero la ambición de los nereidos
les llevó a adentrarse en el territorio de la Mujer Ardiente, por
cuyas venas circulaba lava volcánica y cuyo aliento de azufre castigaba a los
atrevidos. Un barco de Nerea llegó hasta la fosa donde habitaba el engendro y
le robó mientras ésta dormía a una de sus hijas, una criatura de piedra que la Mujer Ardiente caldeaba
en sus brazos para insuflarle su venero de fuego.
Sin embargo, de regreso a su
isla, y colocado el botín a modo de estatua en el jardín del rey de los
nereidos, se abrieron los ojos del ser de piedra como dos ascuas vengadoras y
se transformó en un manantial de lava que anegó las calles de la ciudad. La Mujer
Ardiente, por su parte, al darse cuenta del secuestro, hizo temblar la tierra
hasta llegar a la isla donde se hallaba la ciudad culpable y la hundió en el
océano para siempre.
Pero Nerea está maldita: sus
habitantes purgan su pena eterna malviviendo entre los escombros de una ciudad
cubierta de algas y plancton y, de vez en cuando, consiguen que sus redes hagan
naufragar algún barco. Tienen la esperanza de conseguir un tesoro que les
devuelva la ilusión de sus días de gloria.
CIUDADES MALDITAS II: la Ciudad Laberinto
El nombre de la ciudad está
escrito en sus paredes en dos mil lenguas indescifrables y una sola legible,
pero sólo quien llega hasta el corazón de la Ciudad Laberinto puede
conocerlo y encontrar la salida.
Porque la Ciudad Laberinto,
que ocupa la falda de una colina, y que exhibe desde la lejanía su entrelazado
de calles y casas de idéntica altura, en círculos concéntricos, parece fácil de
resolver desde fuera pero se convierte en una pesadilla en su interior.
Sus creadores, los habitantes
subterráneos, construyeron un sistema que les permite desplazar los muros de la
superficie y así redibujan el diseño de las calles cada cierto tiempo,
impidiendo al viajero orientarse.
No obstante, siempre hay algún sabio
que prefiere el reto de perderse en las calles de la Ciudad Laberinto
que intentar llegar al centro de ésta. Porque dicen también que las dos mil
lenguas indescifrables de sus paredes son el compendio del saber del universo,
y que lo trajeron las criaturas subterráneas desde otro planeta. Y así vagan
malditos en su interior, inmortales hasta el día en que conozcan sus secretos.
CIUDADES MALDITAS III: la Ciudad de
las Esfinges
Belcaste llamaron a la Ciudad de
las Esfinges que custodia la guarida del último dragón. Fue edificada por una
magia milenaria más antigua que el primer humano y que pervivirá hasta el
postrer aliento de la bestia.
Valientes caballeros quisieron
ganarse el favor de su rey y la mano de la heredera, y se perdieron en sus
calles, devorados sin misericordia por las esfinges que les planteaban
acertijos imposibles de resolver. Más cautos, magos y nigromantes acudieron a
escuchar las palabras de las esfinges, y así descubrieron que en cada una de
ellas vivía el alma de un dragón muerto; por eso comprendieron que jamás
podrían vencerlas con sabiduría, pues no hay criatura viviente que supere a un
dragón en inteligencia.
Sólo los niños se atreven a
vagabundear por las calles de Belcaste, porque las esfinges les respetan:
aprenden de sus balbucientes preguntas un tesoro de conocimientos sobre los
humanos que, de otro modo, nunca sabrían, e incluso algunos de ellos llegan a
ver al dragón.
El precio es terrible, en
apariencia, porque pierden la vista al hacerlo, pero sus sonrisas parecen
desmentirlo. Han dejado de ver las cosas de este mundo, sí, pero los
visionarios de dragones siempre están rodeados de gente ansiosa de que les
hablen de los otros mundos que ahora pueden ver y escribir las infinitas
historias que allí acontecen.
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